Contenedores de madera usados antiguamente en las minas de sal de Wieliczka, Polonia. Año 1995.

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1Comentario
  • AMS

    30 marzo, 2011 at 10:59 am Responder

    Muy cerca de la ciudad de Cracovia, en Polonia, se encuentra el pequeño municipio de Wieliczka. Nada relevante habría que contar de esta ciudad de menos de 20.000 habitantes sin apenas hechos remarcables en su historia, a excepción de que se trata de una de las zonas mineras más importantes de todo el país con una amplia tradición a sus espaldas. La principal sustancia trabajada es la sal mineral, habida cuenta de ser uno de los mayores yacimientos de este mineral en toda Europa.

    Las minas de sal, fueron abiertas en el siglo XIII y han sido ampliamente utilizadas desde entonces. Aún hoy, constituyen una importante fuente de sal para las copiosas nevadas en los inviernos polacos. Generaciones y generaciones de polacos han trabajado en ellas extrayendo la sal de su suelo y cavando un entramado de túneles sin igual en la cuenca minera europea: 327 metros de profundidad en el suelo y unas galerías que sumadas alcanzan más de 300 km de longitud (como de Madrid a Logroño). Actualmente, además de la producción de sal, las minas cumplen otra función importante: la de ser el principal reclamo turístico de la ciudad y uno de los principales de la cercana Cracovia (el año pasado recibió a 1.2 millones de turistas).

    Que generaciones de trabajadores pasasen gran parte de su vida bajo tierra tuvo como consecuencia inevitable que, poco a poco, comenzasen a desarrollar su día a día allí, tratando de adecuar el ambiente que les rodeaba. Fue así como por las distintas galerías, fueron creándose pequeños habitáculos en forma de casas, que dieron lugar a manifestaciones artísticas en forma de cámaras decoradas, figuras, estatuas y zonas de esparcimiento para los mineros. Prácticamente, una ciudad subterranea cavada en la sal. Tal es la belleza de lo construido, que todo el complejo, del que hoy en día se pueden visitar 3,5 km, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1978.

    El recorrido llevará al visitante por una constante exposición de figuras, estatuas, y seres mitológicos polacos, que han sido finamente trabajadas por medio de la técnica del perfilado y el pulido con agua para dar una apariencia de fino cristal. A partir de ahí, la creatividad de los mineros solía ir jugando con los colores de la sal (normalmente gris, aunque aclarada cuando se trata con agua).

    Quizás, el sitio más espectacular de toda la visita sea la Catedral de Sal, situada al final de la visita. Esta, es una enorme gruta excavada en la sal y que ha sido poco a poco modelada para darle la apariencia de templo religioso. A día de hoy, esta catedral situada a 300 metros de profundidad, es uno de los lugares más solicitados de cara a las bodas o celebraciones religiosas. En este precioso templo, todo está realizado con sal, incluso la preciosa pedrería de las lámparas del techo y los baldosines del suelo que forman curiosas formas. Tal es su belleza, que ha sido un reclamo de visitantes ilustres durante siglos, contando entre ellos a Nicolás Copérnico, Johann Wolfgang von Goethe, Alexander von Humboldt, Dimitri Mendeleyev, Ignacy Jan Paderewski, Robert Baden-Powell, Juan Pablo II o Bill Clinton.

    Situado a su lado, se puede apreciar un enorme lago natural de donde se solía sacar el agua para las excavaciones realizadas.
    Finalizando el tour, se pueden encontrar otras dependencias relevantes: un restaurante de los más selectos de Cracovia que cuenta con una de las mayores bóvedas del mundo (80 metros de altura), un centro comercial donde cada visitante puede proveerse de millones de artilugios hechos con sal (especialmente las famosas lamparas de sal), una gruta enrome en la que se han llegado a disputar partidos de tenis válidos para el campeonato internacional de la ATP y un descenso hacia la salida que depara la última de las sorpresas: un ascenso a la superficie en un ascensor rápido que nos llevará desde 300 metros a la superficie en escasos 40 segundos.

    Fotográficamente hablando, no hay mucho en lo que centrarse habida cuenta de que la belleza del ambiente está escasamente iluminada y proporciona pocos encuadres curiosos. Desgraciadamente, las visitas están muy controladas y dejan poco tiempo para planear una fotografía, poner un trípode (casi imposible) o lanzar alguna fotografía de larga exposición (la gente está en constante movimiento y entorpecen las fotografías). En cualquier caso, fotografiar las lámparas de sal o las iluminaciones de las escaleras que conducen de unas galerías a otras, son fotografías imprescindibles que deberíamos llevarnos. Pero, fotografías aparte, la visita es una delicia.

    Más información sobre las minas de sal de Wielizcka.
    Web: http://www.kopalnia.pl/home.php?action=&id_language=&
    Museo: http://www.muzeum.wieliczka.pl/
    Horario de visitas: desde 1 de abril a 31 de octubre: de 7.30 a.m. a 7.30 p.m. Desde el 2 de noviembre al 31 de marzo: de 8.00 a.m. a 5.00 p.m.
    Precio de la entrada: desde los 50 PLN hasta los 180 PLN.

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