Minas de oro en Venezuela: matanzas, miseria e impunidad

En un país que se hunde, a muchos venezolanos no les queda otra opción que trabajar en las minas de oro. Matanzas, miseria e impunidad definen este lugar regido, dicen los lugareños, por «la ley del oro y el plomo». Venezuela, descenso al infierno… Por Fernando Goitia / Fotografías: Ignacio Marín

 

Minas de oro en Venezuela: descenso al infierno

Amputación o bala

Bajo las mafias, el robo se castiga con amputación o disparos en las manos, como le ocurrió a este hombre. Asesinatos, desapariciones y el hallazgo de fosas comunes son habituales en una región que desde 2016 ha vivido no menos de 12 masacres. Hace poco, una cabeza humana apareció dentro de una bolsa en la plaza central de El Callao, al sudeste de Caracas, junto a un escrito que advertía de que los ‘tributos’ «deben pagarse en oro los días 15 y 30 de cada mes».

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El gobierno ‘está en el ajo’

La Policía identifica a miembros de un ‘sindicato’. A pesar de la imagen, muchos de estos grupos controlan las minas de oro con la aprobación del Gobierno y gozan de impunidad. Testimonios recogidos por Human Rights Watch revelan pagos a agentes y presencia de altos funcionarios en las explotaciones, lo que ha llevado al opositor Juan Guaidó a solicitar a la UE que vete el oro de la minería informal porque, argumenta, «financia el ‘paraestado’ del presidente Maduro».

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Topo y carnicero

Anaís Montilla perdió a tres de sus hijos en una masacre en marzo de 2016, cuando 28 personas fueron asesinadas en el interior de una mina por el ‘sindicato’ de El Topo. La sola mención de su líder, exparamilitar en Colombia, provoca escalofríos en los lugareños. Dicen de él que trocea cadáveres con motosierra y echa los pedazos a los cerdos. Los cuerpos de los hijos de Anaís fueron transportados en camión, derramando sangre por la carretera, sin que nadie se atreviera a detenerlo.

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La fiebre del oro

Venezuela no vive solo del petróleo. Es también la cuarta mayor reserva mundial de oro, además de contar con diamantes, níquel, cobre, coltán… El Arco Minero del Orinoco es el epicentro de la producción, incentivada por el presidente Nicolás Maduro desde 2016 ante la debacle económica de su país. Los 40.000 mineros que había en 2012 -un año después de que Hugo Chávez nacionalizara las minas- son hoy cerca de medio millón, entre hombres, mujeres y niños.

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Más rentable que la coca

Los mineros con menos recursos trabajan de manera medieval, como este grupo a cuya veta descienden sin protección. La mayoría, sin embargo, usa máquinas, motobombas y mercurio, que deforestan y contaminan. Hay unos 1800 pozos en la Amazonia venezolana. A estas precarias condiciones, se une el terror impuesto por los ‘sindicatos’, grupos armados que disputan cada filón con las guerrillas del ELN y disidentes de las FARC. Según la inteligencia colombiana, para estos grupos la minería ilegal de oro ya es más rentable que la coca.

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Oro de sangre

En un país donde el salario mínimo no supera los 3,35 euros, un gramo de oro, a 45, es un tesoro. O, más bien, podría serlo si los mineros no tuvieran que pagar al correspondiente ‘sindicato’ el 80 por ciento de lo que extraen. Se trata de oro que, en su mayor parte, escapa al control del Banco Central, ya que sale ilegalmente hacia Miami, Turquía, Emiratos Árabes o Suiza. Human Rights Watch ya habla de ‘oro de sangre’.

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